[1]La India fue una de las regiones donde se empezó a consumir cáñamo [2]desde los tiempos más antiguos. En esta época lo denominaban charas o bhans.
Está documentado que los primeros pobladores de estas tierras consideraban a la planta una fuente de vida y felicidad. Por un lado, las tradiciones brahmánicas [3] siempre han hecho exaltación de sus virtudes para la mente y el cuerpo humanos. De hecho, a las plantas las denominaban vijonia, que significa fuente de felicidad y de juventud. Entre otros males, se utilizaban para combatir enfermedades como fiebre, insomnio, jaquecas, tos ferina, oftalmia, disentería, lepra y caspa.
Por esta razón, desde hace más de 17.000 años se extendieron las diferentes formas de consumo. Cuenta la leyenda —según la tradición védica— el cáñamo brotó cuando cayeron del cielo unas cuantas gotas de ambrosía, que era el alimento de los dioses. También se cuenta que Shiva trajo fue el que trajo a los hombres el cannabis, para darles el poder de tener felicidad y conocimiento. Por esto, los sacerdotes Sardu viajaban por toda la región compartiendo pipas de cannabis.
Más adelante, con la expansión del budismo, el cannabis [4]se utilizó con multitud de fines religiosos y en multitud de rituales.
Por la documentación que nos queda, sabemos que preparaban compuestos de cáñamo y azúcar a los que llamaban píldoras de felicidad. También sabemos que se utilizaba para fines comerciales de intercambio, a modo de moneda. Las formas más corrientes en que el cáñamo se consumía era en conjunción con agua, con opio y con alcohol.
No obstante, cuando se expandió el cristianismo, empezó a haber una persecución en contra de las que se consideraban drogas paganas. Pasaron varios siglos hasta que la planta regresó, aunque ya habían desaparecido las inmensas plantaciones de tiempos inmemoriales.