[1]El objetivo final de cultivar marihuana es el de obtener cogollos grandes y de calidad. Los cogollos son el resultado del desarrollo de las flores femeninas de la planta de marihuana. Hay que recoger las flores cuando están lo suficientemente maduras. Si la planta de marihuana no ha sido polinizada, podremos obtener una cosecha sin semilla con un alto índice de THC, ya que la planta no ha tenido que gastar energías produciendo semillas de cannabis.
El punto óptimo de maduración de las flores de una planta de marihuana hembra se encuentra pasadas entre seis y doce semanas a partir de que la fase de floración haya empezado, o si es un cultivo de interior, a partir del momento en que cambiemos el fotoperiodo a 12 horas de luz, y 12 de oscuridad. Lo que se busca es el momento en el que la producción de THC ha llegado al máximo, pero antes de que este comience a degradarse. En el caso del cannabis de variedades indicas, o indicas cruzadas con sativas con predominación de la primera, el periodo idóneo se sitúa entre seis y ocho semanas, mientras que en los cruces en los que predomina la sativa, este periodo se puede alargar hasta diez semanas.
Este momento puede no ser el mismo para todas las ramas de la planta. Los cogollos más altos suelen madurar antes, porque reciben un mayor aporte de luz que los que están más abajo, o los que están más adentro de la planta. Por eso se pone en práctica el método de hacer la recolecta de marihuana en dos fases en algunos casos. Aunque en las variedades que se venden específicamente para cultivo de interior se ha intentado, por medio de la selección genética, que en el momento de recoger la cosecha todas las ramas tengan el mismo nivel de desarrollo. En estas plantas es típico un inicio generalizado de la floración explosivo y muy rápido hasta que llega a un punto en el que se estabiliza.
La cosecha en estas plantas se realiza normalmente entre una y tres semanas tras la llegada del periodo de estabilización en el desarrollo de los cogollos de marihuana. Esta regla es orientativa, puesto que la observación del color de las flores y de la oxidación de los cogollos es el que va a marcar el momento óptimo para recolectar la cosecha.
Volviendo a las diferentes variedades, cabe destacar que las sativas procedentes de variedades asiáticas y tailandesas tienen un periodo de floración sorprendentemente largo, pudiendo darse el caso de que tengan que transcurrir varios meses hasta que los cogollos estén completamente formados. Se caracterizan por una homogeneidad marcada durante todo el proceso, no presentando una ralentización en la formación de los cogollos tan marcada como ocurre en otras variedades más indicas.