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Una experiencia chamánica en Sudamérica

cartel-maya [1]En menor o mayor grado todos hemos vivido alguna vez la experiencia chamánica [2]. El viaje chamánico ha sido explicado como una expedición realizada desde la conciencia y por la conciencia.

En ocasiones el vehículo es una enfermedad circunstancial, el ayuno, las experiencias en el umbral de la muerte [3], la repetición de ciertos “mantras” o patrones vibracionales, la meditación, el aislamiento o la acertada dosis de algún aliado vegetal psicoactivo.

Puedes acercarte a beber el “soma canabinoico [4] en manos de un cuerpo experimentado y responsable: Una sesión asistida y guiada se parece a un parto en el que siempre “se da a luz” accediendo así a las vías fáciles de la mística

…o tirarte por las vías difíciles del misticismo arrastrando tu cuerpo por el desierto hasta hartarte de muerte, sequedad e incomprensión y vislumbrar por fin esa misma luz ya cuando el cuerpo no quiere más.

El grupo no pasaba de seis. Tres de nosotros ya estábamos al tanto de los posibles efectos porque habíamos bebido el brebaje muchas veces.

Nos encontramos en un “lugar de poder”. Los lugares poderosos se sienten y ellos también te sienten. Parece que además de una comunión muy cercana hay también un gran respeto en la relación.

Pero la verdadera fusión entre el sujeto y su entorno ocurre luego, tras ingerir la pócima hábilmente destilada de la marihuana.

Desaparece, a su vez, el espacio/tiempo que separa a los demás participantes quedando obsoleto aquí el término relación.

-“El lugar, la demás gente, ‘yo’, éramos lo mismo” – Eso fue lo que muchos sentimos después de la ceremonia. En los registros no sabíamos qué anotar si pérdida o ganancia de identidad, por que de hecho “nos sentíamos más completos siendo los demás”.

Llevábamos un mes de preparativos. Teníamos que cubrir varias responsabilidades:

No habían novatos pero si aprendices. Afortunadamente nunca trabajamos con más de ocho alumnos por taller.

Esta vez el ambiente cargado de significado, el lugar de poder y la acción de nuestros aliados vegetales [5] trabajaron en sustratos donde la mente se abisma en la naturaleza común a todas las cosas que están y que no están.

Ahí radica el nexo entre el “yo” que no es y sí aparece (El yo fenoménico) y el “todo” que es y no aparece (El que debe subyacer a toda apariencia)

La vida y la planta nos darán otra cita pronto. Los sentidos han quedado alerta y el espíritu único no admite las distancias fuera del juego.

los-ojos-del-chaman [6]chaman [7]