[1]Desde hace miles de años el cáñamo [2]nos viste, nos enviste y nos cura. Lo hace, en virtud de sus propiedades botánicas, farmacológicas y enteogénicas, las que fructifican en una empatía con la humanidad de consecuencias poli-culturales. Seguro que muchos ni se habían percatado de la presencia del cáñamo en sus vidas. Incluso aquellos que se manifiestan públicamente en su contra.
Como base de la industria textil, el cáñamo nos viste. Aquí se edifica una cultura de la indumentaria, la moda, el comercio, el lenguaje y las matemáticas.
Nos cura en tanto posee principios activos: los cannabinoides [3], que incluso hoy se recetan para la cura de varias enfermedades. Es aquí una defensora de la vida, indicada para el cáncer, la presión intraocular, el glaucoma de ojo, cura el asma, recupera el apetito, ayuda en el parto, y esto sigue…
El cáñamo índico [4] nos enviste en la medida que, debido a sus propiedades psicoactivas, nos hace más concientes de nosotros mismos al comprender la elástica y la dinámica, para decirlo de una forma física, de la conciencia que nos conoce y reconoce. Comprenderla, no sólo como un fenómeno individual sino como un inmenso colectivo, sentirla como una eseidad continua que asoma ante nosotros como consecuencia de complejas relaciones químicas exoferomónicas entre diferentes reinos del mundo natural, es mirarla desde dentro y desde fuera.
La relación del hombre con la planta es prácticamente inseparable a la historia humana: data, al menos, de 9000 años atrás, cuando los escitas introdujeron, en el mundo Europeo, la gnosis de esta hierba. El historiador griego Herodoto (484 – 425 a. C) lo menciona en su libro VI capítulo 74, haciendo alusión a los saunas donde estas tribus de Asia central acostumbraban inhalar vapores de semillas de cannabis hacia el 7000 a. C, para encontrar estados alternos de conciencia por propia voluntad.
La diseminación de la planta de cáñamo por el mundo civilizado así como sus múltiples usos ha venido de la mano exclusiva del hombre que además ha ilustrado una cultura en función de ella, en paralelo a su cultivo casero.
Queda mucho por aprender aun de ella. Las coincidencias entre la marihuana y el ser humano son tan fuertes como seguras. Conocida por infinitos nombres, tejida a través de numerosas obras, solapada, a veces, por la persecución reciente, por parte de la ignorancia desgraciadamente imperante en el mundo occidental, el cannabis [5]ha sido y seguirá siendo un componente importante de nuestro pasado presente y futuro cultural y espiritual.