Son conocidos los usos terapéuticos del cannabis. O por lo menos los que se le atribuyen. En los últimos años se están llevando a cabo investigaciones sobre los efectos medicológicos del cannabis, y los posibles usos terapéuticos de la marihuana. En este post comentaremos los efectos fisiológicos que la marihuana ejerce en nuestros organismos.
Entre los muchos usos terapéuticos que del cannabis se desprenden, entre otros se conoce que estimula el apetito. Es precisamente sobre una noción más amplia de los apetitos fecundados, desde el estado de conciencia cannabinoico, de lo que habla este artículo.
Es un hecho reconocido popularmente y a nivel farmacológico, que con el consumo de marihuana desaparecen los problemas de inapetencia.
Sirvan como referencia mis propias investigaciones e infinidad de testimonios vivientes y escritos: “La comida se espera, se desea, se come y disfruta” y aparece un respeto, una sensibilidad reflexiva y sensitiva respecto al alimento.
Vale la pena detenerse en este concepto: Sensibilidad. Una palabra que es aglutinante, que vincula, que descentra y da panorámica, que estrena otras formas de percibir el mundo a partir de los efectos del cannabis.
Y así también le da un valor sagrado al apetito de la carne. El cannabis es un afrodisíaco sublime que de la misma forma que potencia los sabores también acentúa el placer.
Otros apetitos más etéreos, apetitos intelectuales y filosóficos que ávidos de respuestas lógicas asoman en el metabolismo de la racionalidad, se intensifican también desde el cannabis:
El amor por el arte, el lirismo surrealista imprime así inconciente, su abismo, su llamada de jungla…
El espíritu de la planta trabaja desde un fondo más profundo de la conciencia. Probablemente “ensancha” el canal de sensibilidad, de interacción con la vida misma.
La relación con el cannabis es también un efecto sensibilizador, que culmina en el placer obtenido en franca comunión con la planta, el mundo, y un “yo” sin límites.