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La Cosecha III: el Secado

Secado43 La Cosecha III: el Secado El secado de marihuana es un proceso importante que hace que el THC cambie de su forma hidratada a su forma más psicoactiva: la seca o THC neutro. Se debe realizar en oscuridad y a una velocidad adecuada ya que, por una parte, la luz ultravioleta degrada el THC cuando el cannabis ya se ha podado y, por la otra, la velocidad no debe ser demasiado rápida para que ciertos componentes de la planta de marijuana (como los pigmentos) se degraden y no queden retenidos. Si el tiempo de secado es demasiado corto, nuestro cannabis no tendrá ese buen sabor… el humo será áspero y además la combustión no será buena.

Una cosecha pequeña se puede secar en Leer más »

¿Qué ocurre con el polen y el cannabis?

En época de crecimiento del cannabis, debemos de ser muy cuidadosos con las plantas hembra y macho de marihuana si queremos obtener una cosecha sin semilla. Debemos evitar la polinización de las plantas hembra.Los machos florecen antes que las hembras y comienzan enseguida a producir el pólen que fecundará las flores femeninas con ayuda del viento y los insectos. Una vez fecundadas, las hembras ya están destinadas a producir menos sustancias psicoactivas debido al esfuerzo extra que les supone producir semillas. Por eso es importante identificar pronto a las plantas macho y prescindir de ellas, siempre que se busque una buena cosecha de calidad y cantidad, y no la generación de semillas para futuros cultivos. Leer más »

Qué no hay que hacer al cultivar marihuana

Los cultivadores noveles suelen cometer muchos errores en los primeros cultivos de marihuana. Esto se une a la dificultad de realizar un diagnóstico adecuado en las primeras cosechas. No se conocen los síntomas de las enfermedades o las plagas, y se pueden confundir, no realizando el tratamiendo correcto en el momento adecuado. Además, se desconocen los malos hábitos y se cometen fallos que mermarán la producción de nuestras plantas.

En los comienzos, por desconocimiento, es habitual creer que basta con plantas las semillas, y que las plantas crecerán sólas mientras les demos agua. Y además de esto esperamos que nuestra cosecha sea abundante y de buena calidad, superando en todos los aspectos a las de nuestros amigos o conocidos. Mucha suerte tenemos que tener si conseguimos finalmente unos buenos resultados si no hacemos nada más que esto. Otras veces sí se conoce que a las plantas hay que ayudarlas con fertilizantes, y que hay que vigilar por si aparece alguna plaga, pero se realizan algunas acciones o se descuida algún elemento que provoca que no aprovechemos todo el potencial de nuestras plantas e incluso las pongamos en peligro.  A continuación voy a explicar algunos, de los principales errores que se comente cuando uno es principiante en el cultivo de cannabis. Y a veces no tan principiante…

Uno de los problemas que se dan por descuido en el cultivo de interior es el de la falta de una correcta ventilación. Las plantas necesitan gran cantidad de CO2 para desarrollarse, y si no tenemos un buen sistema de ventilación en interior, su crecimiento se verá mermado y tendremos unas plantas con mayor facilidad a enfermar y ser atacadas por insectos. Debemos procuparnos por tener un buen sistema de ventilación. Lo podemos conseguir por medio de ventiladores enfocados hacia las plantas a cierta distancia, o con sistema más complejos compuestos por tubos, filtros y removedores de aire.

Otro de los problemas es una temperatura inadecuada. Las plantas de cannabis soportan temperaturas entre 10y 40 ºC. Pero esto no quiere decir que se desarrollen correctamente cerca de los valores límite. Por el contrario, su crecimiento se puede detener y se pueden provocar daños irreversibles en las hojas. Por encima de 40 ºC comienza un proceso de destrucción de proteínas fabricadas en las hojas haciéndolas inservibles. Además, se aumenta la cantidad de agua que la planta tiene que evaporar para disminuir el calor, haciendo que consuma muchos más recursos y energía en esta tarea, que puede suponer más del 70% del total de energía que consume la planta. Por debajo de 10 ºC el crecimiento se detiene, y la planta entra en un estado de latencia. Por debajo de 0 ºC durante un periodo continuado, la planta muere. La temperatura ideal del aire para un correcto desarrollo está en torno a 25 ºC.

La cantidad de agua que aportamos a la planta también puede convertirse en un problema. Todo el mundo sabe que poca cantidad de agua hará que la planta tenga un aspecto raquítico y pueda llegar a secarse. Pero mucha cantidad puede tener los mismos efectos catastróficos para la plantación. Se pueden ahogar las raíces al disminuir el aire que hay atrapado en la tierra si se riega demasiado. La tierra queda empapada y las raíces no pueden "respirar". Podemos conseguir con una tierra demasiado húmeda por mucho tiempo que aparezcan mohos que puedan llegar a pudrir las raíces de la planta.

Las quemaduras en las hojas pueden ser muy peligrosas. Si regamos o si se forman gotitas de agua en las hojas y las plantas se encuentra bajo el sol o bajo los potentes focos de un cultivo de interior, los rayos de luz que atraviesan este agua puede quemar la superficie de las hojas. Las pequeñas gotas sobre las hojas actúan como una lupa, concentrando los rayos de luz en un punto, dañando la superficie que la planta utiliza para producir clorofila. Debemos ser muy cuidadosos con no mojar las hojas cuando las plantas estén a pena luz, porque esto daños en las hojas son irreversibles.

Hablando de la luz, la falta de la misma es otro de los problemas que podemos tener. En exterior, debemos plantar las semillas teniendo en cuenta que en plena fase de crecimiento los días sean los más largos del año, para recoger cuando la noche se alargue y la planta termine la floración. En los meses donde las noches con más largas que los días, en invierno, las horas de luz pueden no ser suficientes y puede provocar que las plantas crezcan muy poco y tengan una floración anticipada. En interior, un alumbrado insuficiente nos dará plantas pequeñas y que incluso detengan su ritmo de crecimiento.

La humedad ambiental también puede ser un inconveniente si no es la adecuada. Poca humedad hará que la tierra se seque antes, tengamos que regar más a menudo, y que la planta gaste mucha energía evaporando más agua. Una humedad excesiva en ocasiones es buena para combatir plagas, pero también es excelente para que los hongos y mohos crezcan y se extiendan a sus anchas. Los mohos adoran la humedad. En la planta eligen sobre todo los cogollos bien formados porque almacenan gran cantidad de humedad en su interior, las raíces provocando el conocido mal del vivero, y las hojas.

Estos son problemas comunes que se convierten en habituales en cultivos de principiantes. Al principio y dependiendo del lugar en que plantemos, se puede hacer más o menos complicado evitar estos problemas. Siempre pedir consejo a cultivadores más experimentados, y huid de los consejos populares porque muchos suelen estar equivocados. Estad atentos a vuestros ejemplares, porque cuando los síntomas se hacen visibles, la planta ya ha sufrido cierto estrés y podemos tardar días en recuperarlas. Y varios días significan mucho tiempo en la vida de nuestras plantas.

 

montaje de cultivo de interior con un simple ventilador planta protegida de la climatología exterior

 

Viento. Como evitar que las ramas con cogollos se partan.

En exterior, el viento fuerte es uno de los principales enemigos de las plantas. Cuando las plantas están cargadas de cogollos, las ramas se encuentran con un peso varias veces superior al que tendrían sólo con hojas y pueden romperse fácilmente con un fuerte viento. Además de este riesgo, un viento continuado seca las hojas y hace que necesiten mayores cantidades de agua para contrarrestar este efecto.

En el sur de España se da un fenómeno especial llamado calima, que consiste en arenisca procedente de las zonas más áridas mezclada con viento salino del mediterráneo. Este tipo de viento es especialmente dañino para las plantas. Provoca que se resequen las hojas y que el cannabis sufra estrés hídrico, mermando su desarrollo y su futura produccion de THC. En el caso de cultivar marihuana en zonas donde se presente este tipo de vientos, debemos proteger nuestro cultivo con cortavientos. Una pared, un muro, un seto, una estructura de madera… cualquier barrera rígida puede servir para proteger las plantas de los vientos intensos. Y si este está cargado de arena y partículas, es muy recomendable lavar las hojas con agua después de días de viento fuerte o racheado.

Ante este tipo de inclemencia climatológica, las plantas tienen sus propios mecanismos de defensa. Uno de ellos es el de trasladar una mayor cantidad de humedad de las raíces a las hojas. Este mecanismo defensivo les permite regular su temperatura y su química interna. Esta es la razón por la que unas plantas expuestas a vientos frecuentes y a pleno sol necesiten mucha más agua que si estuviesen en un entorno protegido, o cultivadas en interior.

Otro mecanismo de defensa para aguantar los embates del viento es el de producir mayor cantidad de celulosa en el tallo, y obtener un tronco mucho más ancho y robusto. Esto se debe a que el movimiento oscilante del tallo respeto a la base hace que la planta genere mucha más glucosa, cuyo exceso termina siendo transformado en celulosa, uno de los material de los que está compuesto el tallo.

Para lograr que la planta sea más resistente ante estos contratiempos, debemos acostumbrar a nuestros ejemplares desde pequeños a que sufran el efecto del viento. Siempre con sentido común, debemos ir quitando poco a poco las protecciones que frente al viento podamos haber instalado en nuestro jardín. Durante el crecimiento vegetativo, mediante la acción del viento conseguiremos una planta con un tallo y unas ramas robustas, que aguantará mucho mejor el peso de los cogollos mientras llega el momento de la cosecha. Después, lo ideal sería que en la fase de floración, mientras se forman los cogollos, la planta no tuviera que gastar energías en la producción de almidones complejos y celulosa para reforzar su estructura. Podemos en este momento volver a proteger con cortavientos si tenemos esta posibilidad.

Hay que estar siempre informado de la situación del tiempo y de las predicciones meteorológicas para tener controlado nuestro vergel y evitarnos posibles disgustos. Si conocemos que se van a presentar días de fuerte viento, deberemos proteger nuestras plantas. El viento flojo y moderado es bueno cuando están creciendo, pero el viento fuerte siempre es dañino. Puede dejar el follaje de la planta plagado de hojas secas y rasgadas, que afectarán al crecimiento de la planta y a su producción (y que pueden ser la vía de entrada de posibles enfermedades y servir de atracción a plagas de insectos amantes de las plantas debilitadas).

Si las plantas están en una fase de floración avanzada y esperas vientos intensos en la zona, te aconsejo atar las ramas al tallo con cuerda fina, cuidando de que las cuerdas rocen lo menos posibles los cogollos. Esta también es una buena opción si crees que va a llover con intensidad, ya que los cogollos tienden a absorber mucha humedad y prococan de esta forma que aumente drásticamente su peso. Si temes de que el tallo se pueda partir por el peso de tu planta o por la fuerza del viento, puedes intentar atarlo con cuerda o alambre fino a algún soporte. La mejor opción es copiar la técnica de sujección de las antenas de televisión de los edificios, o de las tiendas de campaña. Tres cuerdas por ejemplo, en forma de triángulo, que vayan bien tensadas desde la parte media o superior del tallo al suelo, serán un perfecto refuerzo que evitarán que el tallo se rompa o que la planta sea tumbada de raíz por los embates del viento.

Lo único bueno del viento fuerte: ¡Los bichos lo odian! Si tienes una plaga, el viento fuerte y la lluvia con bajas temperaturas pueden convertirse en tu aliado y ofrecer incluso mejores resultados que un buen insecticida.

 

viento Viento. Como evitar que las ramas con cogollos se partan. antena tensada nieve Viento. Como evitar que las ramas con cogollos se partan.

 

 



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